
2da parte
Si les "vendiésemos" nuestra tierra, tendrían que tratarla como sagrada, y a los ríos con dulzura de hermano, y ésto mismo tendrían que enseñarles a sus hijos. Pues cada reflejo en las aguas cristalinas de los lagos, habla de los sucesos pasados de nuestro pueblo. La voz del padre de mi padre, está en el murmullo de las aguas que corren. Estamos hermanados con los ríos que sacían nuestra sed, y conducen nuestras canoas alimentando a nuestros hijos.
Los Caras Pálidas no entienden nuestro modo de vida, y no conocen las diferencias que hay entre dos terrones. Ustedes son extrajeros que llegan por la noche a usurpar de la tierra lo que necesitan de ella, y no la tratan como hermana, sino como enemiga.
Ustedes conquistan territorios y luego la abandonan, dejando ahí a sus muertos, sin que les importe nada. La tierra secuestra a sus hijos, a ella tampoco le importan ustedes nada.
Los Caras Pálidas tratan a la "tierra madre y al cielo" como si fueran simples cosas que se compran. Como si fueran cuentas de collares que intercambian por objetos. Su apetito acabará devorando todo lo que hay en la tierra, hasta convertirlas en desiertos…
El modo de vida de los Pieles Rojas es diferente. Nuestros ojos se llenan de vergüenza cuando visitan las poblaciones de los Caras Pálidas. En ellas no hay tranquilidad, ahí no puede oírse el abrir de las hojas primaverales, ni el aleteo de los insectos, eso lo descubrimos porque somos "silvestres y salvajes"… el ruído de sus poblaciones insulta a nuestros oídos.
¿Para qué le sirve la vida al ser humano si no puede escuchar el canto solitario del pájaro chotacabras?, ¿si no puede oír la algarabía de las ranas al borde de los estanques?
Nosotros tenemos preferencias por los vientos suaves que susurran sobre los estanques, por los aromas de éste límpido viento, por la llovizna del medio día o por el ambiente que los pinos aromatizan.
Para los Pieles Rojas el aire es de un valor incalculable, ya que todos los seres compartimos el mismo aliento, todos: los árboles, los hombres. Los Caras Pálidas no tienen idea del aire que respiran, son moribundos insensibles a lo pestilente.
Si les vendiésemos nuestras tierras deben saber que el "aire" tiene un inmenso valor, deben comprender que le aire es parte de su espíritu con la vida que sostiene. El primer soplo de vida que recibieron nuestros abuelos vino de ese aliento.
Si les vendiéramos nuestras tierras tendrían que tratarlas como sagradas, pues en ellas, hasta los Caras Pálidas pueden disfrutar del viento que aromatiza las flores de las praderas.
Si les vendiéramos nuestras tierras tendrían que tratar a los animales como hermanos. Yo he visto miles de búfalos en descomposición en los campos. Los Caras Pálidas los matan con sus "trenes" y ahí los dejan tirados., no los matan para comerlos. No entiendo como los Caras Pálidas le conceden más valor a una "máquina humeante" que a un búfalo.
Si todos los animales fueran exterminados el hombre también parecería entre una enorme soledad espiritual, "El destino de los animales es el mismo que el de los hombres. Todo se armoniza".
No hay comentarios:
Publicar un comentario