miércoles, 29 de febrero de 2012

...Viernes 3 a.m...

Rodrigo S.


Una palanca,
una rodaja,
una botella de whisky
y algunas pastillas.
Un tango suena de fondo

...y que desencuentro hallarse alli sentado,disfrazado de uno mismo,sin saber quien sos...

Pasan algunas horas y ya solo queda el fondo destilado de la botella

y como epigrafe cruel,
un vaso que rodando por unos dedos
que ya no intentan sostenerlo,
se estrella contra el suelo

quebrandose en mil partes...

sábado, 17 de septiembre de 2011

Todos los hombres son hermanos

Shih.

Cuando todos mis amigos se reúnen en mi casa hay dieciséis personas en total, pero rara es la vez que vienen todos. Pero salvo en días de lluvia o tormenta, es también rara es la vez que no venga ninguno. Casi todos los días tenemos seis o siete personas en casa, y cuando llegan no empiezan a beber inmediatamente; toman un sorbo cuando quieren y luego dejan de tomarlo cuando quieren, porque consideran que el placer consiste en la conversación y no en el vino. No hablamos de política de la corte, no solamente porque está fuera de nuestra debida ocupación, sino porque a tal distancia la mayoría de las noticias se basan en cosas oídas; las noticias de oídas no son más que rumores, y discutir rumores sería malgastar saliva. No hablamos tampoco de los defectos de la gente, porque la gente no tiene defectos, y no debemos calumniarla. No decimos cosas que ofendan a nadie y nadie se ofende; en cambio deseamos que la gente entienda lo que decimos, pero aún así la gente no entiende lo que decimos. Porque las cosas de que hablamos yacen en el hondo del corazón humano, y la gente del mundo está demasiado ocupada para oírlas.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Anciano del Fuerte

Liehtsé.

Un Anciano vivía con su Hijo en un fuerte abandonado sobre la cumbre de una colina, y
un día perdió un caballo. Los vecinos llegaron a expresar su pesar por este infortunio, y el Anciano preguntó:
—¿Cómo sabéis que es mala suerte?
Pocos días más tarde volvió su caballo con una cantidad de caballos salvajes, y esta vez
vinieron sus vecinos a felicitarle por esta muestra de fortuna, y el Anciano respondió:
—¿Cómo sabéis que es buena suerte?
Con tantos caballos a su alcance, el Hijo empezó a cabalgar en ellos, y un día se fracturó una pierna. Otra vez llegaron los vecinos a expresar sus condolencias y el Anciano respondió:
—¿Cómo sabéis que es mala suerte?
Al año siguiente hubo una guerra, y porque el Hijo del Anciano estaba lisiado no tuvo que ir al frente.

lunes, 29 de agosto de 2011

¡A mi no me engañan las hormigas!

Mark Twain

Me parece que se cometen extrañas exageraciones cuando se habla de la inteligencia de las hormigas. Durante varios veranos me pasé
observándolas un tiempo que hubiera podido emplear mejor. Pero jamás encontré una hormiga que, viva, pareciera más inteligente que muerta.
Me refiero a las hormigas comunes y corrientes; no conozco las maravillosas hormigas suizas o africanas que celebran elecciones, tienen ejércitos
disciplinados, tienen esclavos y discuten de religión. Esas hormigas serán tal como las pintan los naturalistas, no digo que no; de lo que estoy
convencido es de que las otras, las hormigas que todos conocemos, son unas simuladoras. Estoy de acuerdo, claro, en que son trabajadoras; trabajan
como nadie... cuando alguien las mira. Pero esa testarudez que tienen para el trabajo, me parece a mí un defecto.
Sale una hormiga en busca de provisiones y las encuentra. ¿Y qué hace?
¿Se la lleva a su casa? No. La hormiga no sabe adónde está su casa. Puede ser que esté a un metro de allí, no importa. La hormiga es incapaz de encontrarla.
El trofeo que encuentra una hormiga suele ser algo completamente inservible para ella y para cualquiera y es, por lo general, siete veces más
grande de lo conveniente. Además la hormiga se las arregla para agarrarlo en la forma más incómoda posible: lo levanta del suelo y se va, no
hacia el hormiguero sino en dirección contraria; nunca tranquila e inteligentemente, sino con un apuro loco. Si en el camino encuentra una piedra,
en vez de pasarle por el costado, le pasa por encima, retrocediendo y arrastrando el botín; cae del otro lado, se levanta llena de furia y de polvo, se sacude, se humedece las patas de adelante, aprieta ferozmente la presa entre las mandíbulas, tirando unas veces para acá otras veces para allá, empujándola a veces y a veces arrastrándola; se pone más y más nerviosa; levanta por fin la presa y sale disparando, no en la dirección que llevaba sino en alguna otra.
A la media hora de andar dando vueltas, se detiene a unos quince centímetros de donde partió; suelta la carga, se limpia la cabeza, se frota
las patas, reanuda la marcha a la ventura, con el apuro de siempre. A fuerza de andar en zig-zag, con lo cual consigue correr mucho y no salir del mismo sitio, tropieza con el trofeo que había dejado abandonado.
Como de eso no se acuerda, cree que es un hallazgo; mira a su alrededor para ver qué camino no la va a llevar al hormiguero; carga otra vez con el botín y emprende la marcha en la que se va a encontrar con contratiempos parecidos a los de la carrera anterior.
Por fin se para a descansar. Llega otra hormiga a la que sin duda le parece que la pata de una langosta muerta hace un año es una estupenda
pichincha y decide ayudar a la primera hormiga a llevarla al hormiguero.
Cada una agarra una punta y tira para su lado. Después descansan y cambian ideas. Están de acuerdo en que la cosa no anda bien pero no entienden por qué así que cada una acusa a la otra de hacer lío. Se pelean. Se atacan; se muerden una a la otra; ruedan juntas por el polvo hasta que
una de las dos pierde una pata o una antena y se va a Reparaciones. Se reconcilian y vuelven al trabajo. Lo hacen tan mal como antes, tirando
cada una para su lado pero la mutilada está en inferioridad de condiciones de modo que la sana la arrastra junto con la presa.
La pata de la langosta queda por fin abandonada más o menos en el mismo sitio en el que la encontraron. Las hormigas la observan con cuidado y convienen en que si bien se mira, no sirve para nada y cada una se va para su lado a buscar otra cosa pesada para divertirse cargándola, e inservible para tentarla.
Justo hoy vi a una hormiga haciendo todo eso. Llevaba una araña muerta que pesaba diez veces más que ella y a la cual acabó por dejar tirada para que cualquier otra hormiga igualmente sonsa pudiera llevársela.
Medí la distancia recorrida por la muy bruta y concluí que lo que ella había hecho en veinte minutos equivalía al trabajo que haría un hombre en atar juntos dos caballos que pesan 350 kilos cada uno, echárselos a la espalda, recorrer medio kilómetro en un campo lleno de piedras de dos metros de altura pasándoles por encima y no por el costado; tirarse por un precipicio como el del Niágara más tres campanarios; y para al fin dejar los dos caballos en donde cualquiera pudiera
llevárselos, e irse tranquilamente a otra parte.
Según la ciencia, es mentira que las hormigas guarden provisiones para el invierno. La hormiga es una hipócrita: trabaja solamente cuando la
miran y si el que la mira parece aficionado a la naturaleza y dispuesto a tomar notas. La hormiga es incapaz de rodear un tronco sin desorientarse
y perder el camino al hormiguero, cosa que es signo de idiotez. El trabajo ostentoso que hace es pura soberbia. Nunca termina bien una tarea.
Cosa extraña e incomprensible es que una mentirosa tan notoria como la hormiga haya engañado a las gentes de tantos países durante tantos años, sin que nunca nadie le descubriera el juego.

miércoles, 12 de enero de 2011

Defensas discursivas


Carola F.

No importó mucho que el cerebro ajustara sus defensas discursivas, preparándolas para repeler un ataque complejo desde diferentes flancos; un simple silencio cargado y sorpresivo atravesó como un grito la frontera del miedo y sopló directo sobre las alas de su alma.

martes, 11 de enero de 2011

Eternidad


Musso, Liliana.

En caída majestuosa creyó que se eternizaba. Al llegar al piso su existencia se diluyó, junto a los demás copos de la última nevada de invierno.

lunes, 10 de enero de 2011

El abuelo está triste


Hidalgo, Paloma.

Mientras aprendía a vivir, se olvidó de hacerlo.

domingo, 9 de enero de 2011

Preocupación


Orlando Van Bredam.

—No se preocupe. Todo saldrá bien —dijo el Verdugo.
—Eso es lo que me preocupa —respondió el Condenado a muerte.

sábado, 8 de enero de 2011

El fuego


Selgas.

…Permítanme ustedes que no me aparte de la chimenea: estoy triste y el cielo ha vestido el traje con que suele aparecer los días que nieva.
La llama que se agita impaciente en el fondo de la chimenea, se mueve con la vivacidad de una niña que quisiera absorber toda mi atención. Parece un espíritu compuesto por estos tres colores, azul, blanco y rojo. Hay momentos en que se queda inmóvil, como si se sintiera detenida por un pensamiento repentino; pero luego vuelve a su paciente movilidad. Ahora, se empina derecha y brillante, como la hoja de una espada, ya se deja caer lamiendo ansiosa la corteza de los troncos, chupando de ellos la sustancia que la anima, ya los rodea, los envuelve, los ciñe, los oprime mientras ellos gimen, yo no sé si de placer o de dolor. El humo se escapa blanco y negro por el cañón de la chimenea, jugado con el aire, como un alma que se escapa del cuerpo; la leña abrazada salta en chispas encendidas, como si quisieran deshacerse del fuego que la consume, y entretanto la llama triunfa como una pasión desordenada.
…Aquí, el amor de la lumbre, al dulce calor de la llama que devora los troncos se siente hervor en la cabeza una multitud de pensamientos brillantes y fugitivos como la llama, vagos como el humo. ¡Con qué placer me acerco ahora a ese elemento misterioso, que al mismo tiempo me llena de calor y de pureza! ¡Con qué dulzura se duerme un hombre en los brazos de una chimenea! ¡El fuego es el rey de la naturaleza! Calienta y alumbra. Sus colores son los del oro, los de la púrpura, los del acero. Decidme si puede haber un sentimiento que pueda existir sin él. El alma, no es más que la chispa de una llama que no se apaga jamás.
…No hay en la naturaleza una sustancia que pese tanto como el fuego. La mano más nerviosa no puede sostener dos minutos seguidos una brasa como una avellana. No hay al mismo tiempo nada más leve que una llama: un soplo se la lleva. Ante el fuego el hierro se dobla, el acero se rompe, el oro se ablanda: y ¿raro contraste? Por él es duro el hierro, flexible el acero, puro el oro. Delante de mi lo tengo llameante, ligero, insaciable, siempre el mismo, siempre otro. Lo veo entretenido de devorar unos cuantos pedazos de encina que no se atreven a resistirlo. ¿A dónde irá, así que consuma la ultima astilla? El está en todas partes. Llamad con lo más frío, que es el acero, sobre lo más insensible, que es la piedra, y al primer golpe, os saltará a los ojos en una nube de chispas.
¿Por qué una cosa tan limpia, tan brillante, tan ligera, deja tan negro el camino por donde pasa? La infancia es una luz, la juventud una llama, la vejez un poco de ceniza.

viernes, 7 de enero de 2011

Armonía moral


Confucio.

El pueblo antiguo que deseaba tener una clara armonía moral en el mundo, ordenaba primero su vida nacional; los que deseaban ordenar su vida nacional regulaban primero su vida familiar; los que deseaban regular su vida familiar cultivaban primero sus vidas personales; los que deseaban cultivar sus vidas personales enderezaban primero sus corazones; quienes deseaban enderezar sus corazones hacían primero sinceras sus voluntades; los que deseaban hacer sinceras sus voluntades llegaban primero a la comprensión; la comprensión proviene de la exploración del conocimiento de las cosas.
Cuando se gana el conocimiento de las cosas se logra la comprensión; cuando se gana la comprensión, la voluntad es sincera; cuando la voluntad es sincera, el corazón se endereza; cuando el corazón se endereza, se cultiva la vida personal; cuando la vida personal se cultiva, se regula la vida familiar; cuando se regula la vida familiar, la vida nacional es ordenada, y cuando la vida nacional es ordenada, el mundo está en paz.
Desde el Emperador hasta el hombre común, el cultivo de la vida personal es el cimiento para todo. Es imposible que cuando los cimientos no están en orden se halle en orden la superestructura. Jamás ha habido un árbol de tronco delgado cuyas ramas superiores sean pesadas y fuertes. Hay una causa y una secuencia en las cosas, y un comienzo y un fin en los asuntos humanos. Conocer el orden de precedencia es tener el comienzo de la sabiduría.