
Eduardo Galeano
Es mediodía y Baldwin está caminando con un amigo [...]. La luz roja los detiene en una esquina.
-Mira- le dice el amigo, señalando el suelo. Baldwin mira. No ve nada.
-Mira, mira-. Nada. Allí no hay nada que mirar, nada que ver. Un cochino charquito de agua contra el borde de la acera y nada más. Pero el amigo insiste: “¿Ves? ¿Estás viendo?”.
Y entonces Baldwin clava la mirada y ve. Ve una mancha de aceite estremeciéndose en el charco. Después, en la mancha de aceite ve el arcoiris. Y más adentro, la calle pasa, y la gente pasa por la calle, los náufragos y los locos y los magos, y el mundo entero pasa, asombroso mundo lleno de mundos que en el mundo fulguran, y así, gracias a un amigo, Baldwin ve, por primera vez en su vida ve.
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