miércoles, 5 de enero de 2011

El viaje a pie


J. J. Rousseau.

Yo no conozco más que una manera de viajar que sea más agradable que la de andar a caballo, es ir a pie. Parte uno cuando se le antoja, se para cuando quiere, hace tanto y tan poco ejercicio como desea, se observa todo el país, ora yendo a mano derecha, ora a mano izquierda, examinando cuanto agrada, deteniéndose en todos los bellos sitios. Me encuentro acaso con un río, lo costeo; con un bosque tupido, penetro bajo su sombra; con una gruta, la visito; con una cantera, examino los minerales. Donde quiera que me halle a mi gusto, me demoro. En el acto que me fastidio, me voy. No dependo de los caballos ni del postillón. No necesito escoger sendas trilladas, caminos cómodos; me abro paso por doquiera otros se abren paso; veo cuanto puede ver un hombre; y no teniendo más que yo para gobernarse, gozo de toda la libertad accesible al hombre.
Viajar a pie, es viajar como Tales, Platón y Pitágoras. Cuésteme comprender cómo un filósofo puede resolverse a viajar de otro modo, y privarse del examen de las riquezas que huella y que la tierra prodiga ante sus ojos…
¡Cuántos placeres en este modo de viajar, sin contar la salud que se robustece, y el humor que se alegra!

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