René Avilés Fabila.Como no quisieron pagarle sus servicios, el flautista, furioso, decidió vengarse raptando a los niños de aquel ingrato pueblo. Los conduciría por espesos bosques y altas montañas para finalmente despeñarlos en un precipicio. Sus padres jamás volverían a verlos. Para ello no era suficiente su flauta mágica, sino algo más poderoso. Optó, entonces, por prender el aparato televisor: los niños encantados lo siguieron hacia su perdición.
1 comentario:
¡Me encanta me encanta me encanta!
Es fascinante lo real que es este cuento. La televisión forma parte de muchas maneras de degradación humana.
En fin, te quiero y ¡¡me encanta este cuentito!!
¡Besos!
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