martes, 27 de mayo de 2008

El flautista electrónico de Hamelin

René Avilés Fabila.
Como no quisieron pagarle sus servicios, el flautista, furioso, decidió vengarse raptando a los niños de aquel ingrato pueblo. Los conduciría por espesos bosques y altas montañas para finalmente despeñarlos en un precipicio. Sus padres jamás volverían a verlos. Para ello no era suficiente su flauta mágica, sino algo más poderoso. Optó, entonces, por prender el aparato televisor: los niños encantados lo siguieron hacia su perdición.

1 comentario:

Burnt Agustin dijo...

¡Me encanta me encanta me encanta!
Es fascinante lo real que es este cuento. La televisión forma parte de muchas maneras de degradación humana.

En fin, te quiero y ¡¡me encanta este cuentito!!

¡Besos!