martes, 3 de febrero de 2009

El ordenador Encantado y el Papa Androide

Ray Bradbury
Ordenador encantado, Papa Androide, dato almacenado, esperanza eslizoide. Necesidad humana, sueños de horror, alimento nocturno para el ordenador que así cosecha ceros y suma y crece, derriba lo perverso donde aparece y pone de rodillas al mal osado con un cuchillo eléctrico mal entintado. El Papa Androide, mientras, se alza del suelo para ir con los físicos a medio vuelo, donde su mente eléctrica privilegiada llama, en país de ciegos, a la cruzada, y la fe crece, y crecen gravedad y masa, –Andrómeda centrifuga, que luce y pasa–; como una mosca mengua lo material cuando el Androide sirve un té papal al Santo de las dudas, Tomas, y a mí, y a ti, lo tuyo, repito, lo tuyo a ti, y monta últimas cenas con elegidos donde los grandes físicos vuelan perdidos y el hombre sorprendido, que no ve nada, duda entre magnitudes, voluntad helada. Aquí, al momento, llega, ¡hosanna!, el Papa Ordenador y Eléctrico, Señor de un mapa donde todo se rinde, ya sin camino, y un gran vacío llena el hueco divino, sin misterio, ni emblema, ni luz, ni guía, con velos y arrogancias de nieve fría que Dios sirve en raciones, ¡tomad, hermanos!, en años luz de mares, lagos, pantanos, aguas donde se ahoga, en lo mas profundo, la mente ordenadora que escruta el mundo sin hallar la respuesta al afán certero del huevo o la gallina: ¿qué fue primero? La respuesta se esconde en el ancho cielo donde los astronautas, inútil vuelo, suben con sus cohetes, y de esperanza el Papa un gran castillo de fuegos lanza, con cintas en la tripa, corriente alterna, Galilea en metáforas, pólvora eterna, y amasa un pan que crece y sirve un vino que es sangre para el alma, sacro destino, y, con palabras huecas, llena vacíos, como un vuelo de pájaros de fuegos píos que se agitan y funden, mensaje alado, y así, el hombre sediento, se halla saciado. Pero el misterio queda y al hombre sigue una lluvia fantasma que le persigue. Con máquinas–fábrica para artilugios, a medias satisfecho con sus refugios donde al doble misterio, dan voz y eco un ordenador Mago y un Papa Hueco.

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