
Orlando van Bredam
Es sabido que el diablo se ha pasado la eternidad cargando armas. No se le ha escapado ninguna. Ni cañones, ni arcabuces del me¬dioevo, ni rifles, ni pistolas, ni revólveres, ni metralletas, ni fusiles, ni obuses, ni bombas, ni misiles, ni tanques, ni, ni, ni. En las últimas décadas el trabajo del diablo ha aumentado considerablemente. Arse¬nales por todas partes, uno de cada diez habitantes tiene un arma. Usted mismo guarda un arma en el cajón del escritorio. Ese vecino que tanto molesta, también. El pobre diablo no da abasto con tantas armas para cargar. Tan cansado está que ha decidido retirarse.
Hasta que esto ocurra (porque no hay fecha cierta) seguimos re¬zando por la paz del mundo y ocultando los revólveres lo más lejos posible del alcance de los niños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario