domingo, 31 de agosto de 2008

Lección de sueño


José Balza

- No vuelvas a pesar en eso, esta misma tarde lo resolveré.
- Pero ¿cómo? Desde hace días estoy así.
- En un minuto te lo explicaré.
- … conozco las causas, no creas. Las he analizado, y en esta temporada parecen haberse reunido muchas. Llevo varias noches sin dormir; lo hago si tomo alguna pastilla. Y no puede ser. Le tengo horror a esa falsa dulzura de los somníferos. Anoche el in-somio fue total.
- Te entiendo; escúchame bien. Esta tarde compraré las otras semillasadecuadas y verás cómo todo pasa.
- Dime qué harás.
- Lo mismo que hizo la abuela en mi infancia. Hubo días en que no lograba dormirme; tenía miedo a la oscuridad y al vacío de las noches. Mi abuela lo descubrió, y esa tarde dijo: “Dejamos de dormir cuando los pájaros comen las semillas del sueño. Te han estado rondando y por eso sigues en vigilia. Desde hoy será perfecto. He cosido dentro de esta bolsita las semillas que los pájaros quieren. Voy a colocarla junto a tu almohada, y ellos ya no picotearán las que pertenecen a tu sueño”.

sábado, 30 de agosto de 2008

Catequesis


Marco Denevi

-El hombre -enseñó el Maestro- es un ser débil. -Ser débil -propagó el apóstol- es ser un cómplice. -Ser cómplice -sentenció el Gran Inquisidor-es ser un criminal.

viernes, 29 de agosto de 2008

Tortugas y cronopios


Julio Cortázar

Ahora pasa que las tortugas son grandes admiradoras de la velocidad, como es natural. Las esperanzas lo saben, y no se preocupan. Los famas lo saben, y se burlan. Los cronopios lo saben, y cada vez que se encuentran una tortuga, sacan la caja de tizas de colores y sobre la redonda pizarra de la tortuga dibujan una golondrina.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Las nubes


Eduardo Galeano

Nube dejó caer una gota de lluvia sobre el cuerpo de una mujer. A los nueves meses, ella tuvo mellizos.
Cuando crecieron, quisieron saber quién era su padre.
Mañana por la mañana -dijo ella­, miren hacia el oriente. Allá lo verán, erguido en el cielo como una torre.
A través de la tierra y del cielo, los mellizos caminaron en busca de su padre.
Nube desconfió y exigió:
-Demuestren que son mis hijos.
Uno de los mellizos envío a la tierra un relámpago. El otro, un trueno. Como Nube todavía dudaba, atravesaron una inundación y salieron intactos.
Entonces Nube les hizo un lugar a su lado, entre sus muchos hermanos y sobrinos.

martes, 26 de agosto de 2008

El globo


Miguel Saiz Álvarez

Mientras subía y subía, el globo lloraba al ver que se le escapaba el niño.

lunes, 25 de agosto de 2008

El harén de un tímido


René Avilés Fabila

Como temía decirles que no, opté por conservar a todas las mujeres que he amado.

domingo, 24 de agosto de 2008

El hombre invisible


Gabriel Jimenez Emán


Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.

sábado, 23 de agosto de 2008

Golpe


Pía Barros


Mamá, dijo el niño, ¿qué es un golpe? Algo que duele muchísimo y deja amoratado el lugar donde te dio. El niño fue hasta la puerta de casa. Todo el país que le cupo en la mirada tenía un tinte violáceo.

viernes, 22 de agosto de 2008

La máquina del Tiempo


Ana María Shúa

A través de este instrumento rudimentario, descubierto casi por azar, es posible entrever ciertas escenas del futuro, como quien espía por una cerradura. La simplicidad del equipo y ciertos indicios históricos nos permiten suponer que no hemos sido los primeros en hacer este hallazgo. Así podría haber conocido Cervantes, antes de componer su Quijote, la obra completa de nuestro contemporáneo Pierre Menard.

jueves, 21 de agosto de 2008

Mortal


Luis Mateo Díez

Un hombre llamado Mortal vino a la aldea de Omares y le dijo al primer niño que encontró: avisa al viejo más viejo de la aldea, dile que hay un forastero que necesita hablar urgentemente con él.
Avisó el niño al viejo Arcino y le acompañó de la mano hasta dónde el hombre aguardaba muy nervioso.
¿Se puede saber que es lo que usted desea y cual es la razón de tanta prisa...?, le requirió el viejo Arcino.
Soy Mortal, dijo el hombre sin mirarle.
Todos lo somos dijo Arcino.
Mortal no es un nombre, mortal es una condición.
¿Y aún así, aunque de una condición se trate, sería usted capaz de abrazarme..?, inquirió el hombre.
Prefiero besar a este niño que dar un abrazo a un forastero, pero si de esa manera queda tranquilo, no me negaré. No es raro que llamándose de ese modo ande por el mundo como alma en pena.
Se abrazaron al pie del árbol más cercano.
Mortal de muerte y mortandad, musitó el hombre al oído del viejo Arcino.
El que no lo entiende de esta manera lleva las de perder. La encomienda que traigo no es otra que la que mi nombre indica. No hay más plazo, la edad está reñida con la eternidad.
¿Tanta prisa tenías...? inquirió el viejo, sintiendo que la vida se le iba por los brazos y las manos, de modo que el hombre apenas podía sujetarlo.
No te quejes que son pocos los que viven tanto.
No me quejo de que hayas venido a por mí, me conduelo del engaño con que lo hiciste, y de ver asustado a ese pobre niño.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Tempus fugit


Eloy Mon

Encima de un enorme iceberg a la deriva por el Atlántico Norte, un señor de Cuenca, funcionario de correos, y un pingüino discutían por el precio de un sello. El debate era agrio, visceral, a cara de perro, y quizás hubiera durado días, meses, años.
Pero el iceberg no.

martes, 19 de agosto de 2008

La persecución del maestro


Alexandra David-Neel

Entonces el discípulo atravesó el país en busca del maestro predestinado. Sabía su nombre: Tilopa; sabía que era imprescindible. Lo perseguía de ciudad en ciudad, siempre con retraso.
Una noche, famélico, llama a la puerta de una casa y pide comida. Sale un borracho y con voz estrepitosa le ofrece vino. El discípulo rehúsa, indignado. La casa entera desaparece; el discípulo queda solo en mitad del campo; la voz del borracho le grita: Yo era Tilopa.
Otra vez un aldeano le pide ayuda para cuerear un caballo muerto; asqueado, el discípulo se aleja sin contestar; una voz burlona le grita: Yo era Tilopa.
En un desfiladero un hombre arrastra del pelo a una mujer. El discípulo ataca al forajido y logra que suelte a su víctima. Bruscamente se encuentra solo y la voz le repite: Yo era Tilopa.
Llega una tarde a un cementerio; ve a un hombre agazapado junto a una hoguera de ennegrecidos restos humanos; comprende, se prosterna, toma los pies del maestro y los pone sobre su cabeza. Esta vez Tilopa no desaparece.

lunes, 18 de agosto de 2008

El sueño del rey Karna-Vootra


Lord Dunsany


El rey Karna-Vootra, sentado en su trono que todo lo domina, dijo:
-La pasada noche vi con toda claridad a la majestuosa Vava-Nyria. Aunque
estaba parcialmente oculta por grandes nubarrones que continuamente
pasaban por delante de ella, dando vueltas a su alrededor, su rostro
estaba descubierto y en él resplandecía el claro de luna.
"Le dije a ella:
"-Pasea conmigo por los grandes estanques de la hermosa y llena de
jardines Istrakhan, donde flotan lirios que producen deliciosos sueños; o,
descorriendo la cortina de orquídeas colgantes, ven conmigo a través de un
sendero secreto a la otra jungla impenetrable que cubre el único paso
entre las montañas que rodean a Istrakhan. La cercan y la contemplan con
alegría por la mañana y al anochecer, cuando los estanques todavía no
están habituados a la luz, e incluso, a veces, en su alegría, derriten la
fatal nieve que mata a los montañeros en las cumbres solitarias. Entre
ellas hay valles más antiguos que los pliegues de la luna.
" "Ven conmigo allí o quédate aquí e iremos a tierras románticas, de esas
que los hombres de las caravanas únicamente evocan en sus canciones; o si
no, pasearemos indiferentemente por una tierra tan encantadora que incluso
las mariposas que por ella revolotean se asustan de su belleza al ver sus
imágenes reflejadas en los estanques sagrados; y por la noche oiremos a
innumerables ruiseñores cantando a coro a las estrellas hasta morir. Si te
decides, enviaré heraldos lejos de aquí con noticias de tu belleza, los
cuales se apresurarán y llegarán a Séndara y hablarán de ella a los
hombres que cuidan los rebaños de ovejas marrones; y desde Séndara el
rumor se esparcirá por las dos orillas del río sagrado Zoth, e incluso los
constructores de cercas de las llanuras oirán hablar de tu belleza y la
cantarán. Más tarde, los heraldos irán hacia el norte atravesando las
colinas hasta llegar a Sooma. Y en esa ciudad de oro informarán a los
reyes, sentados en sus arrogantes tronos de alabastro, de tu extraña e
inesperada sonrisa. Y, a menudo, tu historia será contada en mercados
lejanos por los mercaderes de Sooma, entre otros cuentos despreocupados
con los que atraen a la gente hacia sus mercancías. "
"Y los heraldos llegarán incluso a Ingra, donde la gente está siempre
bailando. Y allí hablarán de ti, de manera que tu nombre será cantado en
aquella alegre ciudad. Y pedirán allí camellos prestados y atravesarán las
arenas y, por caminos desiertos, irán a la distante Nirid a hablar de ti a
los hombres solitarios de los monasterios de las montañas. "
"Ven conmigo ahora, pues es primavera."
"Y, cuando dije aquello, ella movió su cabeza, ligera aunque
perceptiblemente. Y sólo entonces recordé que yo había perdido la juventud
y que ella estaba muerta desde hacía cuarenta años.

domingo, 17 de agosto de 2008

El Crimen Invisible


Catherine Crowe

En 1842 en el barrio de Marylebone, se derribó una casa a la que ya no
acudía ningún huésped, desde hacía ya muchos años, y cuyos propietarios no
estaban dispuestos a gastar más dinero en reparaciones.
Sus últimos habitantes fueron el mayor W..., su esposa, sus tres hijos y
su sirviente.
El mayor W..., que desempeñaba un digno cargo en la Intendencia, había
insistido innumerables veces a sus superiores para que le permitieran
cambiar de vivienda (el alquiler del inmueble estaba a cargo de la
Intendencia). Como esta autorización demoraba, alegó para justificar su
repetida insistencia que la casa estaba embrujada "del modo más
desagradable".
Todas las noches, la puerta del salón se abría violentamente, se oía un
ruido de pasos precipitados, una respiración ronca y luego dos o tres
gritos horribles y la pesada caída de un cuerpo contra el piso.
A menudo encontraban los muebles volcados, sobre todo cuando estaban
situados en el ángulo norte de la sala.
Luego se restablecía el silencio, pero alrededor de un cuarto de hora más
tarde, se oía algo semejante a un pataleo, un sollozo y al fin un
espantoso estertor.
El mayor W... acabó por prohibir a sus familiares la entrada a este salón.
Incluso clausuró la puerta. Pero antes hizo constatar estos hechos por
varios de sus compañeros de ejército. En efecto, el informe que presentó
estaba firmado por el lugarteniente de Intendencia E..., el capitán S... y
el comisario de víveres E...
Se procedió a un relevamiento de datos y muy pronto descubrieron una
trágica historia.
En el año 1825, la casa estaba habitada por el corredor de joyas C... y su
esposa. Esta última, mucho más joven que su marido, llevaba una vida
desordenada y malgastaba enormes sumas de dinero.
Aunque el desgraciado C... le perdonó muchas veces sus caprichos, no
parecía querer enmendarse; al contrario, su vida era progresivamente
escandalosa.
C..., empujado por la amargura y los celos, se dio a la bebida.
Una noche volvió ebrio, decidido a acabar con sus desgracias.
Armado de un trinchete de zapatero, se abalanzó sobre su mujer, que huyó
hacia el salón, pero C... la alcanzó y con un solo golpe de su arma, la
decapitó. Permaneció largo rato mudo de horror ante su crimen, luego se
colgó de la araña del techo.
Desde entonces ese horrible asesinato se reproducía cada noche, de una
forma audible, pero jamás los espantados testigos vieron la más mínima
aparición; sólo los ruidos fantasmales que se repetían con una perfecta
exactitud.
La petición del mayor W... tuvo resultados favorables y desde entonces, la
casa permaneció desocupada hasta el día en que cayó bajo el pico de los
demoledores.

sábado, 16 de agosto de 2008

Flores de las Tinieblas


Villiers de L'Isle-Adam


¡Oh, los bellos atardeceres! Ante los brillantes cafés de los bulevares,
en las terrazas de las horchaterías de moda, ¡qué de mujeres con trajes
multicolores, qué de elegantes "callejeras" dándose tono!
Y he aquí las pequeñas vendedoras de flores, que circulen con sus frágiles
canastillas.
Las bellas desocupadas aceptan esas flores perecederas, sobrecogidas,
misteriosas...
- ¿Misteriosas?
- ¡Sí, si las hay!
Existe, - sabedlo, sonrientes lectoras -, existe en el mismo París cierta
agencia que se entiende con varios conductores de los entierros de lujo,
incluso con enterradores, para despojar a los difuntos de la mañana, no
dejando que se marchiten inútilmente en las sepulturas todos esos
espléndidos ramos de flores, esas coronas, esas rosas que, por centenares,
el amor filial o conyugal coloca diariamente en los catafalcos.
Estas flores casi siempre quedan olvidadas después de las fúnebres
ceremonias. No se piensa más en ello; se tiene prisa por volver. ¡Se
concibe!
Es entonces cuando nuestros amables enterradores se muestran más alegres.
¡No olvidan las flores estos señores! No están en las nubes; son gente
práctica. Las quitan a brazadas, en silencio. Arrojarlas apresuradamente
por encima del muro, sobre un carretón propicio, es para ellos cosa de un
instante.
Dos o tres de los más avispados y espabilados transportan la preciosa
carga a unos floristas amigos, quienes gracias a sus manos de hada,
distribuyen de mil maneras, en ramitos de corpiño, de mano, en rosas
aisladas inclusive, estos melancólicos despojos.
Llegan luego las pequeñas floristas nocturnas, cada una con su cestita.
Pronto circulan incesantemente, a las primeras luces de los reverberos,
por los bulevares, por las terrazas brillantes, por los mil un sitios de
placer.
Y jóvenes aburridos y deseosos de hacerse agradables a las elegantes,
hacia las cuales sienten alguna inclinación, compran estas flores a
elevados precios y las ofrecen a sus damas.
Estas, todas con rostros empolvados, las aceptan con una sonrisa
indiferente y las conservan en la mano, o bien las colocan en sus corpiños.
Y los reflejos del gas empalidecen los rostros.
De suerte que estas criaturas-espectros, adornadas así con flores de la
Muerte, llevan, sin saberlo, el emblema del amor que ellas dieron y el
amor que reciben.

viernes, 15 de agosto de 2008

El escudo de la Ciudad


Franz Kafka

En un principio no faltó la organizacion en las disposiciones para construir la Torre de Babel; una orden excesiva, quizá. Se penso demasiado en guías, interpretes, alojamientos para obreros y vías de comunicación, como si se dispusiera de siglos. En esos tiempos, la opinión general era que no se podía construir con demasiada lentitud; un poco más y hubieran abandonado todo, y hasta desistido de echar los cimientos. La gente razonaba de esta manera: lo esencial de la empresa es el pensamiento de construir una torre que llegue al cielo. Lo demás es del todo secundario. Ese pensamiento, una vez comprendida su grandeza, es inolvidable: mientras haya hombres en la tierra, existirá también el fuerte deseo de terminar la torre. Por consiguiente no debe preocuparnos el futuro. Al contrario: el saber de los hombres adelanta, la arquitectura ha progresado y seguirá progresando; de aquí a cien años el trabajo para el que precisamos un año se hará tal vez en pocos meses, y más resistente, mejor. Entonces, ¿a qué agotarnos ahora? Eso tendría sentido si cupiera la esperanza de que la torre quedará terminada en el espacio de una generación. Esa esperanza era imposible. Lo más creible era que la nueva generación, con sus conocimientos superiores condenara el trabajo de la generación anterior y demoliera todo lo adelantado, para recomenzar. Tales pensamientos paralizaron las energías, y se pensó menos en construir la torre que en construir una ciudad para los obreros. Cada nacionalidad quería el mejor barrio, y esto dio lugar a disputas que culminaban en peleas sangrientas. Esas peleas no tenían fin; algunos dirigentes opinaban que demoraría muchísimo la construccion de la torre y otros que más valía aguardar que se reestableciera la paz. Pero no sólo en pelear pasaban el tiempo; en las treguas se dedicaban a embellecer la ciudad, lo que provocaba nuevas envidias y nuevas peleas. Así paso el espacio de la primera generación, pero ninguna de las siguientes fue distinta; sólo aumentó la destreza técnica y con ella el ansia guerrera. Aunque la segunda o tercera generación reconoció la insensatez de una torre que llegara hasta el cielo, ya estaban demasiado comprometidos para abandonar los trabajos y la ciudad.
En todas las leyendas y cantos de esa ciudad está presente el vaticinio anunciante que cinco golpes sucesivos de un puno gigantesco aniquilarán la ciudad. Por esa razón está el puno en el escudo de armas.

jueves, 14 de agosto de 2008

Las estatuas de la noche


Clark Ashton Smith

Limitadas por un horizonte lejano, que desde cierto punto se encuentra muy remoto y parece fundido con la brillantez azul de un cielo metálico, contrastan el negro esplendor de sus formas marmóreas con el insuperable resplandor del sol. Construidas en el amanecer de los tiempos, por una raza cuyas tumbas en forma de torre y ciudades de altas cúpulas constituyen ahora un solo polvo con el de sus constructores en las lentas evoluciones del desierto, permanecen en pie para contemplar los terribles amaneceres postreros, que surgen en otros países, consumiendo los velos de la noche en las desolaciones infinitas. Al mismo nivel de la luz, sus ceños temibles conservan el orgullo de los reyes Titánicos. En sus ojos de mirada pétrea, implacables y sin párpados, se refleja la desesperación de quienes han contemplado el infinito durante demasiado tiempo.
Mudas como las montañas de cuyo seno metálico surgieran, sus labios nunca han reconocido la soberanía de los soles que en llamarada triunfante cabalgan de horizonte a horizonte por la tierra subyugada. Unicamente al atardecer, cuando el oeste arde como un horno gigantesco, y las lejanas montañas lanzan chispas doradas a las profundidades de los cielos caldeados —únicamente al atardecer, cuando el este se hace infinito e indefinido, y las sombras del desierto se mezclan con la sombra de la noche hasta formar una sola—, entonces, y sólo entonces, surge de sus gargantas pétreas una música que se eleva hacia el horizonte cobrizo; es una música fuerte y triste, extraña y de gran sonoridad, como el canto de las estrellas negras, o la letanía de dioses que invocan olvido; es una música que enternece al desierto llegando hasta su corazón de roca, y que retumba en el granito de tumbas olvidadas, hasta que los últimos ecos de su alegría, cual trompetas del destino, se unen al negro silencio de lo infinito.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Diez Mandamientos para Escribir con Estilo


Friedritch Nietzsche

1. Lo que importa más es la vida: el estilo debe vivir.
2. El estilo debe ser apropiado a tu persona, en función de una persona determinada a la que quieres comunicar tu pensamiento.
3. Antes de tomar la pluma, hay que saber exactamente cómo se expresaría de viva voz lo que se tiene que decir. Escribir debe ser sólo una imitación.
4. El escritor está lejos de poseer todos los medios del orador. Debe, pues, inspirarse en una forma de discurso muy expresiva. Su reflejo escrito parecerá de todos modos mucho más apagado que su modelo.
5. La riqueza de la vida se traduce por la riqueza de los gestos. Hay que aprender a considerar todo como un gesto: la longitud y la cesura de las frases, la puntuación, las respiraciones; También la elección de las palabras, y la sucesión de los argumentos.
6. Cuidado con el período. Sólo tienen derecho a él aquellos que tienen la respiración muy larga hablando. Para la mayor parte, el período es tan sólo una afectación.
7. El estilo debe mostrar que uno cree en sus pensamientos, no sólo que los piensa, sino que los siente.
8. Cuanto más abstracta es la verdad que se quiere enseñar, más importante es hacer converger hacia ella todos los sentidos del lector.
9. El tacto del buen prosista en la elección de sus medios consiste en aproximarse a la poesía hasta rozarla, pero sin franquear jamás el límite que la separa.
10. No es sensato ni hábil privar al lector de sus refutaciones más fáciles; es muy sensato y muy hábil, por el contrario, dejarle el cuidado de formular él mismo la última palabra de nuestra sabiduría.

martes, 12 de agosto de 2008

¡Avanti!


Almafuerte-Pedro Bonifacio Palacios

Si te postran diez veces te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas ...
No han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
Se formaron los santos y las santas.
Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura,
y en cualquier infeliz se me figura
que se rompen las garras de la suerte ...
¡todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de la muerte!

lunes, 11 de agosto de 2008

Mundo perfecto


Aldo Novelli

Por las mañanas, en esas claras y frescas mañanas
cuando los pájaros despiertan y chillan con el sol,
sucede que:
los documentos no aparecen arriba del TV
el auto no arranca por nada
los papeles de la carpeta se caen al barro
engancho la campera con el picaporte y la rompo
se hierve el agua del mate
se me hace tarde para fichar en el trabajo
desespero
y me golpeo la cabeza con la ventana.
Sentado en el piso, con la mano ensangrentada
me apoyo en la pared
y lanzo una sonora carcajada,
me siento bien, realmente bien
estoy en mi mundo perfecto.

domingo, 10 de agosto de 2008

Yo en el fondo del mar


Alfonsina Storni

En el fondo del mar
hay una casa de cristal.
A una avenida
de madréporas
da.
Un gran pez de oro,
a las cinco,
me viene a saludar.
Me trae
un rojo ramo
de flores de coral.
Duermo en una cama
un poco más azul
que el mar.
Un pulpo
me hace guiños
a través del cristal.
En el bosque verde
que me circunda
—din don... din dan—
se balancean y cantan
las sirenas
de nácar verdemar.
Y sobre mi cabeza
arden, en el crepúsculo,
las erizadas puntas del
mar.

sábado, 9 de agosto de 2008

Salomón y Azrael


Yalal Al-Din Rumi

Un hombre vino muy temprano a presentarse en el palacio del profeta Salomón, con el rostro pálido y los labios descoloridos.
Salomón le preguntó: -¿Por qué estás en ese estado?
Y el hombre le respondió: -Azrael, el ángel de la muerte, me ha dirigido una mirada impresionante, llena de cólera. ¡Manda al viento, por favor te lo suplico, que me lleve a la India para poner a salvo mi cuerpo y mi alma!
Salomón mandó, pues, al viento que hiciera lo que pedía el hombre. Y, al día siguiente, el profeta preguntó a Azrael: -¿Por qué has echado una mirada tan inquietante a ese hombre, que es un fiel? Le has causado tanto miedo que ha abandonado su patria.
Azrael respondió: -Ha interpretado mal mi mirada. No lo miré con cólera, sino con asombro. Dios, en efecto, me había ordenado que fuese a tomar su vida en la India, y me dije: ¿Cómo podría, a menos que tuviese alas, trasladarse a la India?

viernes, 8 de agosto de 2008

La brevedad


Gabriel Jiménez Emán

Me convenzo ahora de que la brevedad es una entelequia cuando leo una línea y me parece más larga que mi propia vida, y cuando después leo una novela y me parece más breve que la muerte.

jueves, 7 de agosto de 2008

La ejecución


Hermann Hesse


En su peregrinación, el maestro y algunos de sus discípulos bajaron de la
montaña al llano y se encaminaron hacia las murallas de la gran ciudad. Ante la
puerta se había congregado una gran muchedumbre. Cuando se hallaron más cerca
vieron un cadalso levantado y los verdugos ocupados en llevar a rastras hacia el
tajo a un individuo ya muy debilitado por el calabozo y los tormentos. La plebe
se agolpaba alrededor del espectáculo. Hacían mofa del reo y le escupían, movían
bulla y esperaban con impaciencia la decapitación.
—¿Quién será y qué delitos habrá perpetrado —se preguntaban unos a otros los
discípulos— para que la multitud desee su muerte con tanto afán? Aquí no se ve a
nadie que manifieste compasión ni que llore.
—Supongo que será un hereje —dijo el maestro con tristeza.
Siguieron acercándose, y cuando se vieron confundidos con el gentío los
discípulos preguntaron a izquierda y derecha quién era y qué crímenes había
cometido el que en aquellos momentos se arrodillaba frente al tajo.
—Es un hereje —decía la gente muy indignada—. ¡Hola! ¡Ahora inclina su cabeza
condenada! ¡Acabemos de una vez! En verdad ese perro quiso enseñarnos que la
ciudad del Paraíso tiene sólo dos puertas, ¡cuando a todos nosotros nos consta
perfectamente que las puertas son doce!
Asombrados, los discípulos se reunieron alrededor del maestro y le preguntaron:
—¿Cómo lo adivinaste, maestro?
Él sonrió y, mientras echaba de nuevo a andar, dijo en voz baja:
—No ha sido difícil. Si fuese un asesino, o un bandolero o cualquier otra
especie de criminal, habríamos visto entre las gentes del pueblo pena y
compasión. Muchos llorarían y algunos hasta pondrían el grito en el cielo
proclamando su inocencia. Al que tiene una creencia diferente, en cambio, se le
puede sacrificar y echar su cadáver a los perros sin que el pueblo se inmute.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Las armas que carga el diablo


Orlando van Bredam

Es sabido que el diablo se ha pasado la eternidad cargando armas. No se le ha escapado ninguna. Ni cañones, ni arcabuces del me¬dioevo, ni rifles, ni pistolas, ni revólveres, ni metralletas, ni fusiles, ni obuses, ni bombas, ni misiles, ni tanques, ni, ni, ni. En las últimas décadas el trabajo del diablo ha aumentado considerablemente. Arse¬nales por todas partes, uno de cada diez habitantes tiene un arma. Usted mismo guarda un arma en el cajón del escritorio. Ese vecino que tanto molesta, también. El pobre diablo no da abasto con tantas armas para cargar. Tan cansado está que ha decidido retirarse.
Hasta que esto ocurra (porque no hay fecha cierta) seguimos re¬zando por la paz del mundo y ocultando los revólveres lo más lejos posible del alcance de los niños.

martes, 5 de agosto de 2008

Ayyyy


Angélica Gorodischer

Sonó el timbre y ella fue a abrir la puerta. Era su marido.
—¡Ayyy! —gritó ella—, ¡pero si vos estás muerto!
El sonrió, entró y cerró la puerta. Se la llevó al dormitorio mientras ella seguía gritando, la puso en la cama, le sacó la ropa e hicieron el amor. Una vez. Dos veces. Tres. Una semana entera, mañana, tarde y noche haciendo el amor divina, maravillosa, estupendamente.
Sonó el timbre y ella fue a abrir la puerta. Era la vecina.
—¡Ayyy! —gritó la vecina—, ¡pero si vos estás muerta! —y se desmayó.
Ella se dio cuenta de que hacía una semana que no se levantaba de la cama para nada, ni para comer, ni para ir al baño. Se dio vuelta y allí estaba su marido, en la puerta del dormitorio:
—¿Vamos yendo, querida? —dijo y sonreía.

lunes, 4 de agosto de 2008

Episodio del enemigo


Jorge Luis Borges

Tantos años huyendo y esperando y ahora el enemigo estaba en mi casa. Desde la ventana lo vi subir penosamente por el áspero camino del cerro. Se ayudaba con un bastón, con un torpe bastón que en viejas manos no podía ser un arma sino un báculo. Me costó percibir lo que esperaba: el débil golpe contra la puerta. Miré, no sin nostalgia, mis manuscritos, el borrador a medio concluir y el tratado de Artemidoro sobre los sueños, libro un tanto anómalo ahí, ya que no sé griego. Otro día perdido, pensé. Tuve que forcejear con la llave. Temí que el hombre se desplomara, pero dio unos pasos inciertos, soltó el bastón que no volví ver, y cayó en mi cama, rendido. Mi ansiedad lo había imaginado muchas veces, pero sólo entonces noté que se parecía, de un modo casi fraternal, al último retrato de Lincoln. Serían las cuatro de la tarde.
Me incliné sobre él para que me oyera.
—Uno cree que los años pasan para uno —le dije— pero pasan también para los demás. Aquí nos encontramos al fin y lo que antes ocurrió no tiene sentido.
Mientras yo hablaba, se había desabrochado el sobretodo. La mano derecha estaba en el bolsillo del saco. Algo me señalaba y yo sentí que era un revólver.
Me dijo entonces con voz firme:
—Para entrar en su casa, he recurrido a la compasión. Lo tengo ahora mi merced y no soy misericordioso.
Ensayé unas palabras. No soy un hombre fuerte y sólo las palabras podían salvarme. Atiné a decir:
—Es verdad que hace tiempo maltraté a un niño, pero usted ya no es aquel niño ni yo aquel insensato. Además, la venganza no es menos vanidosa y ridícula que el perdón.
—Precisamente porque ya no soy aquel niño —me replicó— tengo que matarlo. No se trata de una venganza sino de un acto de justicia. Sus argumentos, Borges, son meras estratagemas de su terror para que no lo mate. Usted ya no puede hacer nada.
—Puedo hacer una cosa —le contesté.
—¿Cuál? —me preguntó
—Despertarme.
Y así lo hice.

domingo, 3 de agosto de 2008

Infernalia


José Emilio Pacheco

Anoche no soñé. Despierto, comprendí que estaba en el infierno y ustedes eran los demonios.

sábado, 2 de agosto de 2008

El verdugo


Arthur Koestler

Cuenta la historia que había una vez un verdugo llamado Wang Lun, que vivía en el reino del segundo emperador de la dinastía Ming. Era famoso por su habilidad y rapidez al decapitar a sus víctimas, pero toda su vida había tenido una secreta aspiración jamás realizada todavía: cortar tan rápidamente el cuello de una persona que la cabeza quedara sobre el cuello, posada sobre él. Practicó y practicó y finalmente, en su año sesenta y seis, realizó su ambición.
Era un atareado día de ejecuciones y él despachaba cada hombre con graciosa velocidad; las cabezas rodaban en el polvo. Llegó el duodécimo hombre, empezó a subir el patíbulo y Wang Lun, con un golpe de su espada, lo decapitó con tal celeridad que la víctima continuó subiendo. Cuando llegó arriba, se dirigió airadamente al verdugo:
-¿Por qué prolongas mi agonía? -le preguntó-. ¡Habías sido tan misericordiosamente rápido con los otros!
Fue el gran momento de Wang Lun; había coronado el trabajo de toda su vida. En su rostro apareció una serena sonrisa; se volvió hacia su víctima y le dijo:
-Tenga la bondad de inclinar la cabeza, por favor.

viernes, 1 de agosto de 2008

Subraye las palabras adecuadas


Luis Britto García

Una mañana tarde noche el niño joven anciano que estaba moribundo enamorado prófugo confundido sintió las primeras punzadas notas detonaciones reminiscencias sacudidas precursoras seguidoras creadoras multiplicadoras trasformadoras extinguidotas de la helada la vacación la transfiguración la acción la inundación la cosecha. Pensó recordó imaginó inventó miró oyó talló cardó concluyó corrigió anudó pulió desnudó volteó rajó barnizó fundió la piedra la esclusa la falleba la red la antena la espita la mirilla la artesa la jarra la podadora la aguja la aceitera la máscara la lezna la ampolla la ganzúa la reja y con ellas atacó erigió consagró bautizó pulverizó unificó roció aplastó creó dispersó cimbró lustró repartió lijó el reloj el banco el submarino el arco el patíbulo el cinturón el yunque el velamen el remo el yelmo el torno el roble el caracol el gato el fusil el tiempo el naipe el torno el vino el bote el pulpo el labio el peplo el yunque, para luego antes ahora después nunca siempre a veces con el pie codo dedo cribarlos fecundarlos omitirlos encresparlos podarlos en el bosque río arenal ventisquero volcán dédalo sifón cueva coral luna mundo viaje día trompo jaula vuelta pez ojo malla turno flecha clavo seno brillo tumba ceja manto flor ruta aliento raya, y así se volvió tierra.