Shih.
Cuando todos mis amigos se reúnen en mi casa hay dieciséis personas en total, pero rara es la vez que vienen todos. Pero salvo en días de lluvia o tormenta, es también rara es la vez que no venga ninguno. Casi todos los días tenemos seis o siete personas en casa, y cuando llegan no empiezan a beber inmediatamente; toman un sorbo cuando quieren y luego dejan de tomarlo cuando quieren, porque consideran que el placer consiste en la conversación y no en el vino. No hablamos de política de la corte, no solamente porque está fuera de nuestra debida ocupación, sino porque a tal distancia la mayoría de las noticias se basan en cosas oídas; las noticias de oídas no son más que rumores, y discutir rumores sería malgastar saliva. No hablamos tampoco de los defectos de la gente, porque la gente no tiene defectos, y no debemos calumniarla. No decimos cosas que ofendan a nadie y nadie se ofende; en cambio deseamos que la gente entienda lo que decimos, pero aún así la gente no entiende lo que decimos. Porque las cosas de que hablamos yacen en el hondo del corazón humano, y la gente del mundo está demasiado ocupada para oírlas.
sábado, 17 de septiembre de 2011
viernes, 16 de septiembre de 2011
Anciano del Fuerte
Liehtsé.
Un Anciano vivía con su Hijo en un fuerte abandonado sobre la cumbre de una colina, y
un día perdió un caballo. Los vecinos llegaron a expresar su pesar por este infortunio, y el Anciano preguntó:
—¿Cómo sabéis que es mala suerte?
Pocos días más tarde volvió su caballo con una cantidad de caballos salvajes, y esta vez
vinieron sus vecinos a felicitarle por esta muestra de fortuna, y el Anciano respondió:
—¿Cómo sabéis que es buena suerte?
Con tantos caballos a su alcance, el Hijo empezó a cabalgar en ellos, y un día se fracturó una pierna. Otra vez llegaron los vecinos a expresar sus condolencias y el Anciano respondió:
—¿Cómo sabéis que es mala suerte?
Al año siguiente hubo una guerra, y porque el Hijo del Anciano estaba lisiado no tuvo que ir al frente.
Un Anciano vivía con su Hijo en un fuerte abandonado sobre la cumbre de una colina, y
un día perdió un caballo. Los vecinos llegaron a expresar su pesar por este infortunio, y el Anciano preguntó:
—¿Cómo sabéis que es mala suerte?
Pocos días más tarde volvió su caballo con una cantidad de caballos salvajes, y esta vez
vinieron sus vecinos a felicitarle por esta muestra de fortuna, y el Anciano respondió:
—¿Cómo sabéis que es buena suerte?
Con tantos caballos a su alcance, el Hijo empezó a cabalgar en ellos, y un día se fracturó una pierna. Otra vez llegaron los vecinos a expresar sus condolencias y el Anciano respondió:
—¿Cómo sabéis que es mala suerte?
Al año siguiente hubo una guerra, y porque el Hijo del Anciano estaba lisiado no tuvo que ir al frente.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)